Información sobre el texto
Título del texto editado:
A los ingenios doctísimos de España, beneméritos de la erudición latina
Autor del texto editado:
Pellicer de Salas y Tovar, José (1602-1679)
Título de la obra:
Lecciones solemnes a las obras de don Luis de Góngora
Autor de la obra:
Pellicer de Salas y Tovar, José (1602-1679
Edición:
Madrid:
Imprenta del Reino,
1630
Relación de los textos preliminares que se encuentran en esta obra:
* f. []1r: Portadilla: «DE | DON IOSEPH PELLICER | DE SALAS Y TOVAR | LECCIONES SOLEMNES | A LAS OBRAS | DE DON LUIS DE GÓNGORA […]».
* f. []1v: Texto en griego y en latín dentro de una orla rectangular de piñetas y el encabezamiento «Aduerſus Inuidos Amuſſos».
* f. []2r: Portada: «LECCIONES | SOLEMNES | A LAS OBRAS | DE DON LVIS DE GONGORA Y ARGOTE», con el pie de imprenta y el lema «Summa infelicitas | inuideri à nemine» dentro de una orla de piñetas.
* f. []2v: Grabado calcográfico con un emblema de Juan de Courbes. Lleva el lema: «Vltrix Invidiae Modestia» y el motivo de dos perros que muerden un erizo.
* f. []3r: Portadilla de la dedicatoria a don Fernando de Austria, que comienza: «Al heroico, real, y cesareo nombre del Serenissimo Principe […] Don Fernando de Austria» y concluye: «[…] y consagra afectuoso estas Lecciones Solemnes».
* f. []3v: Grabado calcográfico del cardenal infante don Fernando de Austria.
* f. []4r: Texto de la dedicatoria que se inicia: «Ser.mo Señor, al real amparo, y a la protección Augusta de V. A. […]» (f. []4r) y concluye: «Su mas humilde criado | Que su Real mano besa, | Don Ioseph Pellicer | de Salas y Tovar» (f. [2cald.]2v).
* f. [2cald.]3r: «Censura del Padre Frai Iulian Abarca»; «Licencia del Ordinario» y «Censura del Padre Iuan Luis de la Cerda».
* f. [2cald.]3v: «Suma del privilegio»; «Suma de la tassa»; «Erratas»
* f. [2cald.]4r: Concluyen la lista de erratas en el primer tercio del recto de la página, firmada por el licenciado Murcia de la Llana.
* f. [2cald.]4v: Grabado calcográfico con un retrato de José Pellicer realizado por Juan de Courbes.
* f. [3cald.]1r-[3cald.]4v: Prólogo «A los ingenios doctíssimos de España…» de José de Pellicer.
* f. [cruz]1r- f. [3cruz]2v: «Indice de los autores, que don Ioseph Pellicer cita en estas Lecciones solemnes […]».
* f. [3cruz]3r: Portadilla con el título: «Vida y escritos de Don Luis de Góngora. Defensa de su estilo…».
* f. [3cruz]3v: Grabado calcográfico con un retrato de Luis de Góngora realizado por Juan de Courbes.
* f. [3cruz]4r-[3cruz]4v: “Tumulo honorario a la memoria grande, y en lo mortal inmortal de don Luis de Góngora y Argote […]”.
* f. []: Folio exento «A los letores», que generalmente se ha pegado por el margen interno al folio anterior, y con el vuelto en blanco.
* f. A1r: Inicio de las Lecciones solemnes….
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Biblioteca Nacional de Austria, *38.E.3. Digitalización disponible en
(texto completo)Encoding: Carmen Calzada Borrallo
Transcriptor: Jaime Galbarro García
Revisor: Juan Montero Delgado
Sevilla, 3 marzo 2021
[f. ¶¶¶1r]
A
LOS
INGENIOS
DOCTÍSIMOS
DE
ESPAÑA,
BENEMÉRITOS
DE LA ERUDICIÓN LATINA, DON JOSÉ
PELLICER
DE SALAS S.P.D.O.
Comentar al
mayor
poeta de nuestra nación la
menor
pluma de ella parece que dice arrogancia y que suena a presunción, ¡oh grande y erudito teatro
español!,
pues es dar a entender que yo solo he alcanzado lo que todos confiesan que dificultan; y estoy tan lejos de tropezar en la confianza, que llego a pedir disculpa entre la temeridad de haber intentado este asunto, de los errores de mi pluma y de los yerros de la prensa. Mucho intento ha sido, yo lo confieso, siendo el primero que me
hago
la acusación, por tomar los puestos a la malicia, cuando quiera ponerme este cargo; pero tengo en la misma culpa disfrazada la satisfacción, que solo tanta insuficiencia como la mía podía atreverse a
tanta
cultura como la de don Luis de Góngora, pues en mis años viene a ser decente el atrevimiento, porque tiene la
poca
edad el perdón muy cerca de los descuidos, y se suple de la mocedad lo que falta de estudio, admitiéndole por verdor la puerilidad. Esta salida me enseña
Quintiliano,
dándome licencia para que no desdeñe el fruto de los estudios, aunque no esté maduro, que no implica lo verde para lo dulce:
"Fructum studiorum viridem, et adhuc dulcem promi decet, dum et venia, et spes est, et paratus fauor, et audere non dedecet, et si quid desit operi supplet aetas, et si qua dicta sunt iuueniliter, pro indole accipiuntur."
1
Con tal fiador me parece camino seguro, porque si erré voy a la censura con disculpa, si acerté, consigo más de buen aire a la
alabanza.
Además, de que la
juventud
tiene andada para el seso la parte de la desconfianza, y va con más tino costeando las dificultades, hasta encontrar con la prudencia, que es la
vejez
más segura, y no se llamará anciano el que ha vivido [f. ¶¶¶1v] mucho, sino el que ha sabido vivir más, que este género de canas no corre por cuenta de los años, porque está a cargo del seso. Paradoja es de la sabiduría eterna:
"Senectus venerabilis est, non diuturna, neque annorum numero computata, cani autem sunt sensus hominis."
2
Bien conocida la tuvo
Ovidio
cuando escarneció a un viejo de setenta y cinco años, tan maldiciente, tan murmurador y tan libre, que le obligó a decir que solo su necedad y su locura estorbaba que le tuviesen por viejo:
Stultitia est, quae te non finit esse senem.
3
Porque cuando la vejez
cae
sobre soberbia, arrogancia, presunción, ignorancia y desvanecimiento, es caduquez insolente y locura desenfrenada. Y así
Job,
dechado de paciencia, excluye a la vejez del juicio y a la ancianidad del seso:
"Non sunt longae ut sapientes, nec senes intelligunt iudicium."
4
No está vinculada la sabiduría a los que han vivido muchos años, ni está bien hallada la prudencia con las canas todas veces; fuera de que los aciertos en un mayor no son agradecidos, porque parecen más de la experiencia que del juicio, más de la edad que de la atención; y las
medianías
en los pocos años no solo dicen cuidado presente, sino esperanza futura, y se van haciendo bien vistos para adelante.
Cicerón
lo dijo a Marco Bruto:
"Sunt enim omnia sicuti Adolescentis, non tam re et maturitate, quam spe et expectatione laudati. Ab hac indole, iam illa matura."
5
Allá
Platón
en su
Fedro
hizo más estimación de la
juventud
erudita de Isócrates que de la
vejez
confiada de Lisias, porque la miraba entre la esperanza mayor y luce el acierto más cuando hay menos obligación a tenerle.
Todo este periodo mira a que se me
sobrelleven
los delitos que hubiere contraído en estas
Lecciones solemnes,
y esto se lo deben los doctos a sí mismos, que los
ignorantes
ya sé que están desobligados de todo lo que mirare a bien intencionado, pues aun a ser corteses no aciertan; y yo estoy ya tan enseñado a sus groserías que no extrañaré que intenten deslucir este libro, como lo han solicitado con otros cuatro que he publicado, haciendo tanto caudal de ellos la malicia o la ignorancia (todo es uno), que ninguno se escapó de censura tan de mal aire que llegó a ser murmuración apasionada, calumnia libre y despejadísima insolencia, pues lo que debía ser invectiva erudita contra los
escritos
pasó a ser indigna sátira contra el dueño de ellos. De modo que podré decir con
David:
"Saepe expugnauerunt me a iuuentute meae,"
que desde mis
primeros
años comenzó a
maltratarme
la sinrazón, la envidia y la ignorancia; pero también diré:
"Etenim non potuerunt mihi,"
que no han podido hacerme flaquear, ni descaecer, pues en vez de encogerme, me animó a sacar este comento a luz y, tras él, si vivo, otros trabajos que tengo entre la lima y la estampa.
Muchos
han extrañado que yo tratase de comentar un poeta español que vivió [f. ¶¶¶2r] ayer, que le conocimos todos, y alguno que debe de sentirlo más, pero no bien, se dejó decir en unos
coplones:
Pues se admiran de ver los que bien sienten,
Que a quien escribió ayer, hoy le comenten.
Pero respóndese a esto que, por esto mismo, porque escribió ayer, que sí le dejaran pasar muchos años fuera más difícil, y le sucediera lo que a todos los antiguos. Además de que no fue este inconveniente bastante para que
Cornuto
dejase de comentar las obras de Persio, su discípulo, haciéndole su maestro mismo este honor. ¿Desmereció Alciato por moderno los comentos de Claudio Minoe, Francisco
Sánchez,
Brocense, y Diego López a sus Emblemas? ¿Alejandro de Alejandro no tuvo por comentador a Andrés Tiraquelo? ¿Y Juan Rosino a Tomás Dempstero? En Francia, Guillermo Salustio, señor de Bartas, y Pedro Ronsardo, apenas muertos, ¿cuándo comentados por Gabriel
Lermeo
y Marco Antonio Mureto? ¿En Italia no comentó Alberico Rosat I. C. las comedias de Dante Alígero? ¿Alexandro Vellutello
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las obras de Francisco Petrarca? ¿En el Orlando de Ludovico Ariosto no hizo muchas diligencias y enmiendas Jerónimo
Rusceli?
¿En Torcuato Tasso, Camilo Camili y Filipo Paruta? Jerónimo Vida, Ángelo Policiano, Bautista Mantuano y Michael Verino apenas murieron cuando los comentaron muchos. En España comentó a Mingo Revulgo Fernando del
Pulgar;
a Juan de Mena, el Comendador Griego y el Brocense; a Garcilaso, Fernando de Herrera, el Brocense y don Tomás Tamayo; a Alvar Gómez, Alejo de Venegas, todos varones grandes y dignos de eterna memoria, que no desdeñaron el comentar las obras de otros, aunque fuesen modernos; y yo estimo en más errar con ellos que acertar con la
envidia.
Tres cosas me empeñaron en este comento. La primera ser don Luis de Góngora el
mayor
poeta de su tiempo en nuestra nación,
competidor,
sin duda, de los más eminentes en Grecia, Roma, Italia y Francia, y parecerme a mí, y a todos, que en sus obras hallaría bastante campo para descoger mucha erudición, por estar sembradas sus frases de
imitaciones
griegas y latinas, llenas de fórmulas y ritos de la antigüedad, que es lo que da materia para que pueda lucir el que comenta; y esto cae sobre ser en proporción la cantidad de las obras de don Luis, que no son tantas que desaniman, ni tan pocas que congojan, sino un medio que hace dulce el trabajo que se pone en ellas, y la misma fatiga parece que enjuga el sudor, viendo que por ellas llegó a ser tan afamado en el mundo, y que tan pocos escritos le dieron más opinión que a
otros
muchos tomos de versos, por donde le viene bien lo que
Marcial
escribe de Persio:
Saepius in libro memoratur Persius uno
Quam, leuis in tota Marsus Amazonide.
7
[f. ¶¶¶2v] Que fue más nombrado Persio y cobró mayor opinión con solo un libro que Marso, liviano con muchos volúmenes; que no importa escribir
versos
y más versos para alcanzar el laurel, que llegará más presto lo poco si es bueno, porque lo
mucho
más embaraza que ayuda. Hace alusión a esto un epigrama de Adán Sibero
Chemnicense,
poeta alemán, cuyo lema es
De lauru poetica,
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que escribió contra uno muy preciado de que dictaba muchos versos al correr de la pluma, sin hermosura y sin imitación de los antiguos, y pretendía por ello que Apolo le laurease:
Tercentum pede stans facit Philautus
Vno carmina, nec satis venusta,
Nec ulla veterum aemulatione;
Ad laudem putat et sibi Poetae
Deesse nil nisi Laurum Apollinarem,
Stultus qui fieri putet Poetam
Ligni frondibus ullius, Poetam
Non Laurus, sua sed facit camoena.
La segunda razón porque me entré por el riesgo de comentar a don Luis fue habérselo prometido en vida a él mismo, las veces que, deseoso de estudiar en él cuanto ignoraba de él, le comuniqué. Y he sido tan fiel observador en cumplirlo que aun él rehusó
modesto,
que me
expongo
a las calumnias de sus
enemigos,
a los ceños de los míos, y a que parezca mal por él y por mí lo que, dicho por otros, acaso fuera estudio sumo, acierto grande y erudición mucha, que está muy introducido en todas edades que se mande la envidia, no por el entendimiento, sino por la voluntad; no por la razón, sino por el antojo; no hacia las obras dignas de estimación, sino hacia las personas que las hacen. Sentencia es de Veleyo
Paterculo:
"Familiare est hominibus, omnia sibi ignoscere, nihil aliis remittere, et invidiam rerum non ad causam, sed ad voluntatem, personasque dirigere."
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No me ha sido embarazo este como miedo para que yo deje de cumplir mi oferta, porque sé que al fin, desesperada la
malicia
de congojarme, ha de buscar materia más fácil en qué hacer presa, porque la emulación que alienta los ingenios y los encamina a la envidia, en topando con la
modestia,
con dificultad prosigue. ¡Oh, cómo me consuela el príncipe de los cómicos antiguos, Plauto, en su
Truculento!,
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que tiene por mayor felicidad ser envidiado de los enemigos que envidiarlos, porque hacerme pesar entre mis defectos las fortunas ajenas es desdicha,
confesando
que son los envidiosos pobres y ricos los envidiados:
Mauelim mihi inimicos inuidere, quam me inimicis meis,
Nam inuidere aliis bene esse, tibi male esse, miseria est:
Qui inuident, egent, illi, quibus inuidetur, rem habent.
La mayor hazaña y la mayor erudición de la vida es saber negociar [f. ¶¶¶3r] envidias y la mayor dicha de todas es no envidiar a nadie, pero hay muchos que blasonan de no envidiar, y si le tomasen su dicho al pensamiento y juramento al alma, confesaría como el otro
necio:
Sumna felicitas inuidere nemini,
que era mucha felicidad no envidiar a nadie, pero que no se ajustaba lo interior con las apariencias, ni decía el entendimiento lo que el labio, que hay palabras que salen en público sin que sepa el corazón de ellas, y no conviene todas veces lo cándido del pecho con lo oscuro de la
intención.
El tercer impulso fue la lástima de ver las
Obras
de
don Luis
impresas tan indignamente, acaso por la negociación de algún
enemigo
suyo que, mal contento de no haberle podido deslucir en vida, instó en procurar quitarle la opinión después de muerto, trazando que se estampasen sus
Obras
(que manuscritas se vendían en precio cuantioso), defectuosas, ultrajadas, mentirosas y mal correctas, barajando entre ellas muchas apócrifas y adoptándoselas a don Luis, para que desmereciese por unas el crédito que había conseguido por otras. Al fin salieron estampadas a luz, tan sembradas de horrores y de tinieblas que, si el mismo don Luis resucitara, las desconociera por suyas, como de Ausonio dijo José
Scalígero.
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Salieron también sin nombre, dando ocasión para que por libro
anónimo
se recogiesen por edictos, que todo esto sabe causar la
envidia
y la malicia cuando compite con el ardid en vez de mérito, y con la estratagema en lugar de suficiencia. ¡Oh grande resplandor de la virtud que ciega los ojos al conocimiento para que, deslumbrada la calumnia, choque colérica con la verdad y se estrelle con la razón! ¡Rara cosa que no envidiemos al romano, que no nos haga congoja ver florecer al flamenco en las letras, que admiremos al francés docto, que veneremos lo lejos de cualquier extranjero, y que guardemos los desprecios, las iras, los odios y los ceños para nuestros españoles! ¿Que nos merezca la cercanía desestimación y alabanzas lo forastero? Queja es que la dio primero que yo San
Zenón,
obispo de Verona:
"Non enim Aegyptio inuidet Scytha, aut Britanno Indus aemulatur, sed unusquisque gentis suae hominibus, et contribulibus inuidet; et non ignotis quibusque, sed vicinis et proximis ac familiaribus suis, imo vero bis, qui vel artificii eiusdem vel officii, vel operis existunt."
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Que esté el estudioso desvelándose para sacar un trabajo a los ojos de los
doctos,
y que esté el mal
intencionado
acechando para cargarle de calumnias, no más de porque es obra de su enemigo, sin averiguarle más defectos, gran congoja puede hacer, y más si el tal maldiciente saliese alabado sin merecerlo en el mismo libro, pero los tales más se indignan con los beneficios.
Murmurador
despejado y atrevido, que te estás abrasando en la envidia, si yo acierto, en vano me calumnias; si voy errado, ¿por qué no me tienes lástima? [f. ¶¶¶3v.]
"Si vero fallitur adolescens, frustra inuidetis erranti, non inuidia, sed miseratione dignus est, qui illuditur,"
dice San
Zenón
hablando de José, perseguido de sus hermanos: que siempre los de este nombre traen
consigo
el azar de ser molestados de la envidia, bien que las detracciones les han servido siempre de retocar con golpes de lucimiento su modestia. Entre la mucha que yo tengo bien se me permite decir el
trabajo
que me ha costado escribir este primer tomo de
Lecciones solemnes,
porque los autores que he
visto
son muchos, como puede
verificarse
luego, las autoridades han sido infinitas y no sacadas de polianteas, como pretende notarme alguno en mi
Fénix,
que piensa me sucede a mí lo que a él, pues hay muchos que regulan por sus
defectos
los que sospechan en otros, o si no el curioso vaya cotejando los lugares, y por el que hallare le doy licencia para que diga que lo son todos.
La disposición que he guardado en este comento ha sido poner el texto del poeta y luego la explicación, o parafrase para los que no supieren latín, explicando el sentido lo más ajustadamente que yo he sabido. Habré
errado
en muchas cosas, ¡quién lo duda!, ¿que no ha de estar el acierto de parte de la mortalidad siempre? Corríjalas el docto, o apúntelas y murmúrelas el ignorante, o refútelas. Síguense luego las notas, que es la noticia de los lugares que imitó de poetas, oradores y otros escritores sagrados y profanos don Luis. Aquí se admirará la ignorancia, viéndole tan dueño de la erudición, y digo admirará la ignorancia, porque se
engaña
bisoñamente el que escribió que la admiración era muy estrecha parienta del entendimiento, y que el admirarse arguía ingenio grande. Yo estoy tan lejos de conceder este desatino que tengo por loco al que la defiende; y añado que solamente es ignorante el que se admira y que es pedazo de felicidad no admirarse. Los que han estado mal con el
estilo
de don Luis, ¿qué causa dan para ello? No otra sino que se haya desviado del camino vulgar, como quien se aparta de la humildad y llaneza de una vega, y procura
abrir senda
en lo más fragoso de una montaña. Entró la
emulación
a incitar los ingenios con la novedad, encendioles la envidia y la admiración, procuraron imitarle, no pudieron; caducó el deseo con la esperanza y, dejando de seguir lo que no podían alcanzar, se quedaron entre la
vulgaridad,
acompañados de la admiración y la envidia. Mejor lo dijo que yo
Paterculo:
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" Alit aemulatis ingenia: et nunc inuidia, nunc admiratio incitationem ac cendit: naturaque quod summo studio petitum est, ascendit in summum: difficilisque in perfecto mora est, naturaliterque quod procedere non potest, recedit, et ut primo ad consequendos, quos priores ducimus, accendimur, ita vbi aut praeterari, aut aquari eos posse desperauimus, studium cum spe fenescit, et quod assequi non potest, ese definit, et velut occupatam relinquens materiam quaerit nouam, praeteritque eo, in quo eminere non [f. ¶¶¶4r] possumus, aliquid in quo mitamur, conquirimus."
Véase aquí como junta la envidia y la admiración, porque está tan lejos la admiración de parecerse al entendimiento, que dijo
Aristóteles:
"Qui vero dubitat et admiratur, putat se ignorare."
14
El que duda y se admira es evidente que está confesando su ignorancia. El que se admira de que don Luis pudiese hallar
nuevo
rumbo para las musas es
ignorante,
y no se vale, ni sabe aprovecharse de la admiración para discurrir cómo pudo, confesándome con
Aristóteles,
que de la admiración nació la filosofía:
"Propter admirationem enim et nunc, et primo coeperunt homines philosophari:"
15
porque estaban en los primeros siglos los hombres tan rudos que todo era confusión, todo ignorancia. Comenzó en estas sombras a amanecer al alma la luz de la razón y desahogándose la más noble potencia suya, dio el entendimiento el primer paso a la admiración, y desde allí en el deseo de investigar las causas a lo más oculto de la naturaleza. Dudó cómo eran las cosas, después de haberlas admirado, y descogiendo el discurso casi topó, entre la especulación de todas, la verdad de muchas. No han querido admitir este ejemplo los que no han sabido
imitar
a don Luis, sino que se han pasado desde lo imposible de la imitación a la facilidad del desprecio, desestimándole los que no saben imitarle. También sucedía este delito en el siglo de
Cicerón,
que él lo conoció primero:
"Nunc enim tantum quisque laudat, quantum se posse sperat imitari."
16
De modo que pretenden disculpar su ignorancia con el descrédito ajeno, rara pensión del acierto, pues en no errando uno con todos, en desviándose de lo vulgar y, en hallando otro viaje para la fama, luego se hace mal visto, y ha de ser la singularidad desatino. ¡Oh, cuán religiosamente dijo esto mismo
San Cromacio,
obispo de Aquileya!:
"Non est dubium, quia bono facto comes est semper inuidia. Nam ubi coeperis a mundanis et erroneis hominibus discrepare, statim persecutiones oriuntur: necesse est surgant odia, aemulatio laceret."
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¡Infelicidad grande haber de errar con los más, para ser bienquisto con los muchos! ¡Y que haya de estar lo mejor medroso de salir en público, embarazado en lo raro, por no topar con el
odio
y con la
emulación!
Que es evidente el salir ajados los atentos cuando rehúsan el concurrir con los ignorantes, haciéndose afuera del error. Sintiolo así Juan
Majencio,
respondiendo a Hormisda,
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pontífice sumo:
"Hinc denique eos, quos ad sui erroris dedecus inclinare nequiuerint, irreligiosos, superbos, et inuidos accusare non metuunt, cum haec de illis potius integro, et vero adseuerentur iudicio, qui erroris tenebris delectantur; non de illis qui fixis permanent in veritate vestigiis."
Estaba la poesía castellana convalecida apenas de Juan de Mena y halagada de la blandura de
Garcilaso;
iba arribando en don Diego de Mendoza, Francisco de Figueroa y Fernando de
Herrera;
entretúvose mejorada en los dos insignes Leonardos de Argensola, [f. ¶¶¶4v] hasta que se cobró en Góngora, que la puso en
perfección,
llenando de espíritu generoso la capacidad de los genios españoles; y aun no falta algún idiota que se admire de ver cuán aumentada y florida está el arte de escribir versos en España, como si España en todos siglos no hubiera criado ingenios que han pasmado los tiempos, pues a pesar de ellos mismos ha vivido su nombre, que el tenerlos ahora no es comenzar, sino proseguir. Bárbaro y
torpe
admirador de la poesía de España, ¿quién dio a Roma a
Marcial,
Séneca, Lucano, Silio Itálico, Idacio Claro, San Dámaso y Prudencio, poetas insignes? ¿Ves cómo te admiras de
ignorante
y te sucede lo que
Aristóteles
dice en sus
Morales Nicomachios?:
"Qui autem ignorantia conscii sibi ipsis sunt, eos admirantur, qui magnum quid, ac supra vires suas referunt."
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Más le debemos a
Jonás,
obispo de Orleans, que a estos que blasonan que nacieron
et vrbi et orbi,
para su patria y para el mundo, y se
inscriben,
¡qué locura!, no alumnos de las musas, sino padres de ellas. Así, contra Claudio, obispo de Tours:
"Dissertissimos viros, et eloquentissimos, atque Catholica et Apostolica Fidei inuictissimos defensores, Hispaniam protulisse, manifestum est."
Pues, si esto se decía de España casi DCCC años ha, ¿por qué ha de hacer novedad que prosiga ahora en criar ingenios que, alentados de las musas de Góngora, asombren el mundo y, siguiendo aquel
estilo
grande, sean rayos de elocuencia, como de Grecia cantó Aristófanes, que no esté seguro de ellos, ni aun el laurel si le hallan puesto en sienes indignas? ¿Por qué cuál hombre hay tan de mal gusto, que teniendo cerca los manjares delicados coma de los groseros? Así
Tulio:
"Quae est autem in Hominibus tanta peruersitas, ut inuentis frugibus, glande vescantur?"
20
Solamente los que se ahítan de lo
bueno,
de lo suave y de lo dulce, gustan de lo
tosco,
de lo inculto y de lo vulgar, que éstos, por no confesar la bondad de aquello, perseveran en la maldad de esto, gustando más de porfiar en su tema, como villanos locos, que reducirse como nobles dóciles, vicio acusado ya por San Vigilio mártir, obispo de Trento, contra Eutiques.
21
Éstos no me
hacen
congoja que me calumnien, sólo de lástima, y por lo que me debo yo y les importa a ellos, estimara que se pasara la candidez exterior del pecho de alguno a vivir en la intención, que a mí me enseña a perdonar enemigos sola mi
modestia,
pues en ella misma hallo yo la venganza, como lo doy a entender en el erizo encogido y los perros, fuera de que es imposible que no sea gran venganza el desprecio de las injurias, y más con quien ni puede ni quitar reputación ni dar la, porque
Si del tener honor el darle viene, / ninguno puede dar lo que no tiene.
Vosotros sí, ingenios de España, podéis dar mucho y, quedándoos con más, dejarme a mí honrado y agradecido para que os desee perpetua fama y posteridad eterna.
1.
Quintilliano, lib. 12., cap. 6.
2.
Sapient.,
cap. 4.
3. Ovidio, lib.
Fast.
1.
4. Job, c. 32.
5. Cicer.
In
Orat.
Plat.
In
Phaedr.
6. Betuleyo
ed.
7. Marcial, lib. 4, Epig. 29.
8. Adam. Siber. Part. 6
Delitiae German.
Fol. 187.
9. Vellei, lib. 2.
Histor.
Cap. 30.
10. Plaut. Act. 4. scen. 2.
11. Scaliger.
In
Epist.
12. B. Zen.
Serm. de Liuor.
13. Vellei, lib. I.
Hist.
cap. 17.
14. Arist. Lib. I.
Metaphys.
15. Arist. Ubi supra.
16. Cic.
Ad M. Brut.
17. B. Chrom.
De Octo Beatitud.
18. Maxent.
In Respons. Ad Hormisdam.
19. Arist. Lib. I. cap.4
Ion.
lib. I. de
Adora. Imagin.
20. Cicer.
Orator.
21. B. Vigil. Lib. I.
cot. Euthych.
GRUPO PASO (HUM-241)
FFI2014-54367-C2-1-R
FFI2014-54367-C2-2-R
2018M Luisa Díez, Paloma Centenera